MÚSICA GRÁFICA

Instagram Автостудия Глянец Earle Brown: December 1952. Reproducido en La Monte Young y Jackson Mac Low (eds.): An Anthology of Chance Operations, Heiner Friedrich, Nueva York, 1963

A Giorgio Maffei, antólogo de la música visual.

Los compositores han sabido destilar un sistema de notación que permite transmitir con asombrosa precisión cualquier fenómeno musical, llegando a precisar con él hasta los más sutiles matices expresivos. Esta escritura, altamente codificada, sitúa sobre el papel alturas, tiempos, dinámicas y otros detalles tanto técnicos como expresivos, visualizando frases y ritmos de manera polifónica, es decir, presentando varias voces o instrumentos que intervienen simultáneamente desarrollando discursos diferenciados. El perfeccionamiento del piano durante el clasicismo permitió sintetizar cualquier discurso polifónico reflejándolo sobre un par de líneas pentagramadas. De esta manera la mecánica del teclado condicionó no solo la escritura, sino el propio pensamiento musical.
A través de este tipo de escritura, el compositor transmite al intérprete un texto musical, por lo general cerrado, al que el intérprete debe ser fiel en su trascripción sonora, aportando poco más que la destreza del virtuosismo y su supuesta emotividad que, en muchos casos, es confundida por el público con el propio virtuosismo técnico puesto al servicio de unos resortes expresivos que suelen venir ya indicados en el texto escrito de la obra.
Aunque la música se escucha, y hay muchos músicos que interpretan «de oído», la música es fundamentalmente un constructo que se piensa, y ese pensamiento se desarrolla y concreta a través de la escritura. La versatilidad del sistema pentagramático de escritura musical ha permitido desarrollar obras enormemente complejas y emocionales, pero esa cualidad sistémica ha supuesto también un límite al pensamiento y al lenguaje musicales.
La aparición de signos, disposiciones, organigramas, elementos gráficos y cromáticos ajenos a las estrictas normas codificadas de la música pentagramada ha surgido motivada por diferentes causas, desde satisfacer los deseos de liberación del intérprete, ofreciéndole la posibilidad de participar en el desarrollo de la obra (improvisando sobre lo escrito o aportando variaciones e incluso ideas propias) hasta la incorporación al discurso musical de nuevos instrumentos, fuentes de sonido o acciones que no pueden ser reducidas a los códigos del pentagrama. Algunos críticos han sugerido que las cinco líneas son como los barrotes de una cárcel.
La creciente complejidad de la música posromántica condujo a la necesidad de incorporar nuevos signos específicos a los convencionalmente establecidos hasta entonces, de esta manera la escritura se hizo más densa y compleja, pero el pentagrama demostró poseer gran capacidad para sostener, tejiéndolos entre los ya existentes, nuevos signos particulares, propios de cada compositor e incluso específicamente ideados para algunas obras concretas.