LA VÍA DEL ARTE

Joseph Beuys: Las palabras que se pueden oír, 1975. © Joseph Beuys, vegap, Madrid, 2016
 

La vía del arte. ¿Por qué Joseph Beuys mira a Rudolf Steiner?

El título que utilizo para este ensayo me lleva a recordar diferentes escenarios simbólicos. Este texto es una repentina, concentrada, dispersa e inevitable rememoración visual y textual, donde la primera escena que viene a mi mente proviene de la vida de Joseph Campbell (1904-1987) cuando este autor publica —un año antes de morir— su libro Las extensiones interiores del espacio exterior como manera de desarrollar su concepción sobre La vía del arte. Una noción donde Campbell muestra la semejanza que existe entre el artista y el místico, desde consideraciones que señalan la importancia del artista como conductor y catalizador de energía espiritual. Una función que se produce tanto en la vida de Joseph Beuys como en la de Rudolf Steiner; ya que, en ambos, el binomio artista-místico coexiste como uno de sus principales rasgos.
En su atractivo ensayo, Campbell se interroga sobre la inaprensible naturaleza del arte y sobre su extraño potencial, ya que, para él, en lo artístico, subsiste todavía un estado que nos permite elevar la mente y abrir la mirada por encima de los sentimientos de aversión y deseo. Al releer el libro de Campbell, veo cómo aparecen nuevas relaciones que se ordenan como si su libro hubiera sido inspirado directamente por las palabras que Goethe recitara en su poema Epirrema: «Nada es adentro, nada afuera; porque lo que es adentro, es afuera». Un mensaje que contiene una enseñanza que me lleva directamente a Rudolf Steiner y a su pizarra n.º 31, titulada Por dentro y por fuera (Innen und Aussen), y a su conferencia del 9 de diciembre de 1923 en Dornach, en la que dijo:

Ya lo he dicho muchas veces: la masa de aire que ahora tengo dentro de mí, hace poco tiempo no estaba dentro de mí, y la masa de aire que en poco tiempo va a estar dentro de mí, está afuera (Kugler, 1992: 80).

Para Steiner es evidente, y lo explica más claramente en su obra El significado oculto de la sangre, que «ningún eslabón puede separarse de la cadena del Cosmos y colocarse aparte por sí mismo».