GUERREROS URBANOS

Arturo Pérez-Reverte es, en el mejor de los casos, el tonto útil de la recuperación del grafiti. Efectivamente, los textos de Guerreros urbanos, escritos por Pérez-Reverte para las fotografías de acción del grafitero y fotógrafo jeosm, son cómplices de la estrategia de mercantilización que se sirve del grafiti a escala mundial. Mientras Blu pinta de gris sus murales de Bolonia para que no sean comercializados, mientras expertos, como Javier Abarca, Fernando Figueroa, y Rafael Schachter, promueven un diálogo responsable sobre el grafiti, Pérez-Reverte trata de maquillarlo con la cantidad necesaria de rebeldía para que pueda seguir vendiendo barrios (Kreuzberg, Lavapiés, Williamsburg), ropa (de los pañuelos de Kongo para Hermès [2011] a la colección «Street-Art» de los supermercados Monoprix [2014]), filtros de agua (edición limitada Light Graffiti, de Laica), e incluso obras de Shepard Fairey, Thierry Guetta y Banksy.
En el grafiti contemporáneo late así una tensión política de la que el propio Pérez-Reverte es consciente. En sus propias palabras:

«Si es legal, no es grafiti», me han dicho hace unos instantes.
Es el concepto clave: ilegal. Asombra la frecuencia con que esa palabra aparece en el lenguaje grafitero. Es el término que, para muchos, traza la frontera entre las reglas del asunto, el grafiti puro de toda la vida, el escritor que no se adapta ni se doblega —«Que no vende su culo», sostiene gráficamente uno de ellos—, y el que coquetea o se deja seducir por palabras domesticadas de las que a menudo se apropian las instituciones y los marchantes de arte, y pierde contacto con la calle, donde se hizo.1

Es cierto, el grafiti se ha convertido en una de las más útiles herramientas de los procesos de «comodificación» y «gentrificación» de las sociedades contemporáneas, y corre el riesgo de perder, con ello, gran parte de su aura de rebeldía y autenticidad, o sea, los atributos que lo convierten en un excelente mecanismo de legitimación para el marketing. Guerreros urbanos se propone sacar brillo a esa aura impostando una versión romántica del grafiti que presenta a los escritores como… guerreros urbanos.
 

Notas
 
1. Arturo Pérez-Reverte: «Si es legal, no es grafiti», XLSemanal, 25 de noviembre de 2013.