EL «ROBO» QUE NOS CORRESPONDE [SOBRE UN ACONTECIMIENTO QUE NUNCA TUVO LUGAR O EL RELATO DEL CRIMEN PERFECTO]

Visitante accediendo a la instalación De diefstal van het Jaar, de Ulises Carrión, Drents Museum, Assens, 1982.
En Ulises Carrión: El robo del año, Alias, Ciudad de México, 2013. Foto: Claudio Goulart. Archivo Martha Hellion

No dejo de pensar en una obra actual e intempestiva, en una trampa visual que podría convertir al espectador en un ladrón, aunque, tal vez, estoy atrapado en un relato fraudulento, en un libro póstumo de un artista «ausente». Ulises Carrión apuntó, en El nuevo arte de hacer libros, que un libro es una secuencia de espacios: «[...] cada uno de estos espacios es percibido en un momento diferente: un libro es una secuencia de momentos».1 La secuencia espaciotemporal que me provoca tiene la forma «final» de un libro en el que la llamada «reconstrucción de los hechos» corre a cargo de Martha Hellion, amiga y editora de Ulises Carrión.2 El robo del año fue, según se cuenta, una instalación y performance de Ulises Carrión en el Drents Museum, de Assens, realizada entre el 3 y el 7 de febrero de 1982. En una sala oscura colocó un diamante (valorado en 4350 florines) sobre un cojín de terciopelo, iluminándolo con un potente rayo de luz cenital. La piedra preciosa desafiaba, expuesta sobre una base giratoria y sin cubierta de vidrio ni sistema de seguridad de ningún tipo, a los visitantes del museo que ingresaban en esa estancia en penumbras. Sin duda, se trata de una obra de arte poco común, literalmente, «desprotegida» e incitadora al hurto. En buena medida supone una puesta en escena de lo «absolutamente aurático» y también en una demostración de que lo artístico está sometido, incluso cuando aparentemente lo elude, a la lógica de la vitrina.3 El diamante se podía tocar e incluso parecía que Carrión invitaba a la comisión de un «delito». Lo cierto es que nadie fue capaz de cometer el robo. El «anuncio» de una transgresión que iba a suceder no fue, aparentemente, consumado, sino en un modo «especulativo» o como una trama incierta.
Parece ser que Ulises Carrión quería hacer una comparación entre el valor material de la gema y su valor como obra de arte, esto es, exponía tanto el «plusvalor» cuanto la dinámica (ideológica) del fetichismo de la mercancía.

El diamante —señala Ulises Carrión— con todo su poder de atracción es la vía para organizar el espacio en cierta forma. Exactamente de la misma manera en que los pintores lo hacían mediante líneas, colores y formas [...] Para mí se trata del uso del espacio. Mi intención era crear un espacio claramente trazado, sin líneas, sin ventanas, en el que la atención de la gente estuviera dirigida a un punto dado. Mi solución para crear este foco de atención enfocada/dirigida fue colocar algo en ese punto. Eso era el diamante.4

Lo importante no es, por tanto, la piedra preciosa, sino la focalización de la mirada, esa punctualización luminosa que, en sentido barthesiano, «nos toca». Paulo Silveira apunta que Ulises Carrión tenía la expectativa de que el diamante «asumiera, en un primer momento, la condición formal de organizador ortogonal y simbólico del espacio expositivo (quizás una representación del aura en su estado metafórico más sólido)».5

NOTAS:
1. Ulises Carrión: «El nuevo arte de hacer libros», Plural: crítica y literatura, Excélsior, vol. iv, núm. 41, Ciudad de México, febrero de 1975.
2. Todo el «caso» queda recogido en forma de libro Ulises Carrión: El robo del año, Ciudad de México: Alias, 2013.
3. «Entre la profanación (lo trivial) y la sacralización (la vitrina), la diseminación (la vida), y la concentración (la colección), la radicalidad y la promoción, se opera una especie de movimiento de ida y vuelta en el que la última palabra la tiene el Medio, que convierte a la anticultura, la cultura y lo escupido en agua bendita. El Museo, vencedor por puntos. The show must go on» (Régis Debray: Introducción a la mediología, Barcelona: Paidós, 2001, págs. 97-98).
4. Ulises Carrión: ¿mundos personales o estrategias culturales?, Martha Hellion (ed.), Museo Carrillo Gil, Madrid: Turner, 2003, vol. I, pág. 61.
5. Paulo Silveira: «Ironía y artimaña en un falso fracaso de Ulises Carrión», en Ulises Carrión: El robo del año, Ciudad de México: Alias, 2013, s. p.