EL RETORNO DE LA SERPIENTE. MATHIAS GOERITZ Y LA INVENCIÓN DE LA ARQUITECTURA EMOCIONAL

Mathias Goeritz, artista trasnacional

Las tres nociones defendidas por Dionisio Ridruejo: integración, conciliación y diálogo sustentan la convergencia intergeneracional que habría de alentar el proceso de restitución de la modernidad en España durante los años de la inmediata Posguerra. Mathias Goeritz (Danzig, 1915 - Ciudad de México, 1990), sin saberlo, participó activa y decisivamente con sus proyectos expositivos y editoriales en la progresiva normalización de la cultura española, al integrar, conciliar y poner en diálogo a quienes habían quedado aislados tras el inicio de la Guerra Civil con la generación más joven. Y en la suma de voluntades logró lo que entonces parecía imposible: contagiar entusiasmos en la defensa del arte moderno. Esa fue, sin duda, su más valiosa aportación a la cultura española durante su estancia de apenas cuatro años en nuestro país, desde que se instaló en Granada al final de la Segunda Guerra Mundial hasta octubre de 1949, cuando se trasladó a Guadalajara (Jalisco). Y pasó el tiempo, tanto que la exposición de Goeritz organizada por la galería La Caja Negra, de Madrid, a fines de 2010, fue para muchos la primera ocasión en que se podían contemplar sus obras en España. Pese a lo que cabría esperar, el actual proyecto expositivo sobre Mathias Goeritz en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía no atiende a sus años en España. Una decisión incomprensible más allá del interés de los responsables del museo en presentar la definitiva conversión de Goeritz en un artista trasnacional, dentro del capítulo centrado en las realidades periféricas surgidas a partir de la Guerra Fría.