EL «MERZBAU» O LA «CATEDRAL DE LA MISERIA ERÓTICA»

Peter Bissegger: reconstrucción del espacio principal de Merzbau, 1980-83. Sprengel Museum Hannover, Hannover. Foto: Simón Marchán Fiz
 
«Yo era dadaísta sin intención de serlo. Realmente soy Merz…, pero los demás me llamaban dadá». El dudoso dadaísta que así se manifestaba, evocando lejanos recuerdos en una tardía carta del 29 de marzo de 1947 a Raoul Hausmann, no era otro que Kurt Schwitters. Un «tipo hannoveriano», exageradamente correcto y poco propenso a las relaciones sociales, que es propuesto para su incorporación al club Dadá por Hausmann —tras conocerse a finales de 1918— y con el apoyo de H. Höch; por el contrario, R. Huelsenbeck, Grosz y los hermanos Herzfelde (Heartfield) se oponen. A primera vista, debido a que identificaba con el expresionismo y la abstracción del grupo Der Sturm, lo que le granjearía el apodo del «Kaspar David Friedrich de la revolución dadaísta», aderezado con un conservadurismo romántico.
Probablemente, a consecuencia de tales estimaciones peyorativas, en 1920 no fue invitado a la Feria Dadá de Berlín, y, luego, en la introducción al Almanaque Dadá, Huelsenbeck se desahogaría en una de las escasas alusiones personales:
 

Dadá rechaza por principio y de manera enérgica trabajos como el célebre Anna Blume del señor Schwitters.

 
Un rechazo (extensible a las restantes manifestaciones de la poética Merz) en el que latía no solo el enfrentamiento artístico, sino uno más profundo respecto a las posiciones sobre la situación política y social del momento.