EDITORIAL 122. ULISES COMO JANO

Encierra la singular identidad de Ulises Carrión, como Jano, dos rostros, dos almas en realidad sucesivas. Mejor aún, ante todo un flujo de tránsito o de fuga constante desde una hacia la otra. La primera de ellas, la del joven narrador que, con apenas dos colecciones de relatos, encuentra ya un eco estimable como promesa de futuro y renovación en las letras mexicanas. La segunda, definitiva, la de quien abandona su patria de origen por Europa, para encontrar finalmente su segunda vida y prematura muerte, dos años antes de cumplir el medio siglo, en Ámsterdam. Tal y como abandona también las convenciones de la escritura literaria por la ambición experimental de la antipoesía visual, de los libros de artista, de la performance o la acción participativa, del arte postal y el sonoro. Y ese fecundo destino bifronte centra hoy el monográfico al que dedicamos el presente número de la revista.
Abre la partida el escritor y analista mexicano Heriberto Yépez, autor que ha dedicado varios ensayos a su compatriota, y que, para el presente monográfico, centra de entrada precisamente su texto en esa idea de Ulises Carrión asociado a un impulso de cambio continuo que identifica a modo de reiteración de un mecanismo esencial de expatriación. Expatriación que reiterará, según Yépez, hasta en cinco vertientes o desplazamientos territoriales: de la literatura hacia la práctica artística, de su país natal hacia la orilla opuesta del océano, de la convención narrativa a la indagación experimental, de su lengua madre hacia el idioma inglés, y, finalmente, de su identidad nacional mexicana hacia la adopción de la nacionalidad holandesa.
La relación personal que mantuvo con el propio Carrión y la experiencia directa del contexto de desarrollo de su etapa holandesa son la base esencial del minucioso acercamiento que Tineke Reijnders hace para Arte y parte al tejido de complicidades que el artista estableció tras afincarse en Ámsterdam en los círculos de ambición experimental de la ciudad. Y, sobre ese panorama coral, traza un detallado balance de la ingente actividad que desplegaría en torno a esa decisiva etapa de producción editorial e indagación posliteraria que había de culminar su trayectoria visionaria.
Centrándose en esencia, como horizonte de partida, en dos de las propuestas específicas que Carrión desarrollaría en los años setenta, asociadas en formulaciones diversas a la esfera de la performance, Sofía Carrillo analiza en su artículo la relación existente entre la producción de los llamados bookworks y ese vector de extrapolación visual del lenguaje hablado que marca, en su caso, la concepción de la performance. Dimensión esta última, nos advierte Carrillo, que acabará reclamando finalmente la conversión del espectador-lector en un agente activo integrado, a la postre, en la propia estructura creativa.
Javier Maderuelo, quien acaba precisamente de publicar la primera monografía sobre Carrión aparecida en nuestro país, indaga en el texto que aquí presentamos un factor no muy resaltado por la fortuna crítica que ha analizado la personalidad y el hacer del artista mexicano. Se trata, de hecho, de esa pulsión por el teatro que parece haber constituido una querencia insistente y continuada desde sus curiosidades culturales más tempranas y que, con toda probabilidad, acabaría metamorfoseándose en la dedicación a la performance y a las acciones escénicas que definen una deriva bien significativa de su producción de madurez, pero que de algún modo también volvería a formularse, en la etapa tardía, en propuestas específicas en la órbita de una creación teatral de vanguardia.
Fernando Castro Flórez, por su parte, centra por entero la mirada en uno de los proyectos más singulares y extravagantes dentro de la invención escénica de Carrión, en parámetros en los cuales, cabría decir, se entrecruzan en una suerte de híbrido los géneros de la instalación y la performance. Nos referimos a la propuesta conocida como El robo del año, presentada en 1982, en la que se exhibía en una estancia oscura, convenientemente iluminado, un diamante real de gran valía, que el artista invitaba al público a robar. Ningún visitante, al parecer, se atrevió a aceptar el reto. Pero más tarde, la gema, pues era en definitiva su destino, fue en efecto sustraída.
Y, ya por último, será de nuevo Javier Maderuelo, en la sección Arte y Edición, quien cierre este recorrido por la aventura poliédrica y radical del creador azteca, centrando justo la mirada en uno de los libros distintivos y más singulares de su periodo holandés. Tras concretar las claves de ese nuevo horizonte de experimentación editorial que, más allá del perfil convencional del libro de artista, Carrión bautizaría como bookwork, el artículo nos acerca al tercer título publicado por el artista en la primera mitad de la década de los setenta. En concreto, se trata de Tell Me What Sort of Wall Paper Your Room Has and I Will Tell You Who You Are, libro de elaboración manual tan parco en palabras como rico en texturas.