DEL PERFORMANCE A LA PERFORMATIVIDAD: LA PARTICIPACIÓN COLECTIVA EN LA OBRA DE ULISES CARRIÓN

Ulises Carrión: Clues, 1981. «Pista» incluida en el proyecto. Colección particular

Ulises Carrión fue, desde pequeño, un creador de nuevas realidades. Ya fuera escribiendo teatro o cuentos, u organizando competencias de barcos de papel entre los niños de San Andrés Tuxtla (Veracruz) —donde nació—, Carrión cuestionó siempre la imposibilidad de transformar lo inamovible de lo cotidiano. Nació en 1941, escribió desde muy chico y, siendo aún muy joven, publicó algunos textos en Estela Cultural, suplemento del Diario de Jalapa.1 En Veracruz estudió la carrera de maestro, y después viajó a Ciudad de México para continuar sus estudios, y también a otros países, como Francia e Inglaterra; se radicó definitivamente en la ciudad de Ámsterdam. Publicó dos libros en México: La muerte de Miss O (Era, 1966), y De Alemania (Joaquín Mortiz, 1970); y participó de la revista Mundo Nuevo, bajo la dirección de Emir Rodríguez Monegal.
Después de su primer periodo como escritor, estudiante de letras y reseñista, sigue una etapa de investigación acorde con las experimentaciones artísticas y literarias, así como con la teoría de la recepción y la filosofía del lenguaje (estas últimas fuertemente discutidas durante los años sesenta y setenta). Durante este periodo comienza a escribir sus primeros bookworks,2 un acercamiento a la discusión sobre los libros de artista, la cual no será introducida hasta que publique su famoso ensayo «El arte nuevo de hacer libros», escrito en 1974 y publicado por primera vez en el número 41 de la revista Plural (febrero de 1975). En este ensayo, Carrión desarrolla su concepción sobre el formato libro, el uso del lenguaje, el papel del autor (una postura que adoptó a lo largo de su carrera), y propone una participación del lector y su aproximación/intervención al lenguaje. Digamos que con este texto consolida su teoría en torno al lenguaje y el libro.
Pero ¿qué es un bookwork? Carrión nos dice:

5
[...] Para que un libro de artista sea una obra-libro es esencial que se vea y funcione como un libro ordinario. Eso significa: nada de tamaño inusual, nada de materiales extravagantes, nada de contexto excéntrico.

6
La ordinariez misma de las obras-libro garantiza su lugar en el contexto general de la cultura, esto es, del arte.
[...]

7
[...] Bueno, las obras-libro sólo parecen ordinarias. Pero no lo son.
Están hechas para crear ritmos específicos de atención, condiciones específicas de lectura. Y aquí es donde los viejos santuarios del arte, como las galerías, museos, etcétera, juegan un rol.3

Al abordar el libro como soporte, se debe entender desde todas sus capacidades físicas, materiales, históricas, culturales, simbólicas, temporales. En fin, se debe desmenuzar su composición para lograr transparentar su estructura, pero no se trata solo de generar un trabajo analítico del medio, sino, a partir de ahí, de ocasionar una forma de lectura y propiciar la intervención o aproximación del lector hacia una acción cocreadora.
Ante esta develación de la estructura del libro, nos percatamos de que los libros no se reducen al texto y, aun cuando el texto pueda ser una forma más del contenido, este también responde a una estructura específica que puede ser develada.

NOTAS:
1. Martha Hellion, y otros: Ulises Carrión: ¿mundos personales o estrategias culturales?, vol. II, Madrid: Editorial Turner, 2003.
2. Presumiblemente, comienza sus primeros bookworks en 1972.
3. Ulises Carrión: El arte nuevo de hacer libros (ed. de Juan J. Agius), Ciudad de México: Tumbona / Conaculta-DGP, 2012, págs.126-127.