BAMBALINAS

Transgresor, polémico, rebelde, apasionado, heterodoxo, artista total y polifacético, trabajador incansable, con más de dos mil obras en diferentes formatos, Eduardo Arroyo ha hecho muchas cosas además de pintar (escenógrafo, escritor, escultor, impresor, ceramista, caricaturista…). Digamos que no deja de «exponerse», marcándose siempre nuevos retos en diversos campos de la cultura. Arroyo siempre ha dicho que, aunque su vocación inicial fue la escritura, se siente antes de nada pintor, «un pintor que escribe». Pero todo lo que hace está impregnado de literatura, de historia, de anécdotas vitales, porque «escribir le ayuda a completar lo pintado». Y la literatura siempre ha sido mucho más que un «atrezzo» para sus creaciones.
Su obra no podría entenderse completamente sin ese componente literario.