ARTE Y EDICIÓN – 124. CABARET VOLTAIRE

Cubierta de Cabaret Voltaire, Hugo Ball (ed.), Zúrich, 1916. 31 págs., 26.9 x 22.2 cm. Ed. de 500. Colección particular
 
Al comenzar la Primera Guerra Mundial, el escritor Hugo Ball, hombre culto que era doctor en filosofía e interesado en el pensamiento político,1 se refugió en la neutral Suiza donde tuvo que conformarse con trabajar como músico en una compañía de variedades. Su empleo consistía en acompañar al piano a la soprano Emmy Hennings y participar en el montaje de unos espectáculos de cabaret dirigidos a entretener a ociosos y desesperados.
En Zúrich, Hugo Ball y Emmy Hennings coincidieron con otros poetas y artistas que habían conocido en Berlín y que colaboraban con las revistas Die Aktion y Der Sturm (entre ellos, Richard Huelsenbeck), y también se encontraban refugiados y perdidos en las brumas del exilio. Hugo Ball concibió entonces la posibilidad de dejar la Compañía Flamingo, para la que Emmy y él trabajaban, y fundar su propio cabaret artistique. Surgió así Cabaret Voltaire, buscando el espíritu tolerante, libertario, crítico, polémico y subversivo del filósofo del que tomó el apellido.
Con esta decisión Hugo Ball no pretendía fundar un nuevo movimiento artístico, sino dirigir un auténtico cabaret de variedades que fuera menos sórdido que los que eran frecuentados en Zúrich por exiliados, espías, arribistas y soplones, y con ello mejorar su precaria subsistencia, pero los socios que le acompañaron en la empresa convirtieron rápidamente la nueva fórmula de cabaret literario en un imán que atrajo la atención de los poetas y artistas más inquietos de otros lugares de Europa, convirtiéndose, así, en un mito de la modernidad vanguardista.
Para montar esta empresa, Hugo Ball alquiló, al señor Ephraïm Jan, el salón de la Holländische Meierei, un bistró situado en el número 1 de la Spiegelgasse, con capacidad para cincuenta plazas de asiento repartidas en mesas y un banco corrido en la pared.
El día 2 de febrero de 1916 Ball anunció la convocatoria de apertura en la prensa local, iniciándose las actividades el 5 de febrero. En esa tarde inaugural, atraídos por el anuncio, se presentaron en el local por primera vez Tristan Tzara, Arthur Segall, Marcel Janco y su hermano Georges, quienes, sin conocer previamente a los organizadores, ayudaron a Hans Arp a colgar en las paredes «carteles futuristas», algunas obras de Picasso y Otto van Rees, y aportaron algunas piezas propias que traían en una carpeta.
Las veladas del Cabaret Voltaire fueron espectáculos eclécticos, en los que cualquiera podía acceder al estrado sin que importase su orientación estética, su nacionalidad o su idioma.
 
NOTAS:
1. Autor, entre otros libros, de una biografía de Bakunin, Hugo Ball: Michael Bakunin. Ein Brevier, Gotinga: Wallstein Verlag, 2010. Sorprende la enorme cantidad de libros sobre filosofía política que leyó durante el periodo zuriqués y los comentarios y recensiones que hace en Hugo Ball: La huida del tiempo (un diario), Barcelona: El Acantilado, 2005.