ARTE Y EDICIÓN – 117. ARTE CISORIA, ARTE DECISORIA

Cubierta de Arte cisoria, de Javier Maderuelo.
[Madrid: Garsi-Colección Metaphora, 1981.] 80 págs., 17 x 24 cm. Colección particular

¿Un libro inédito existe? Sin caer en un idealismo extremo esse est percipi en nuestra sociedad de la información y del espectáculo. Por eso: ¿podemos considerar como libro en toda la extensión de la palabra a uno que no está editado? Espero que el lector perdone estas abruptas preguntas, porque no son tan solo un ejercicio de retórica. Están justificadas como espero poder demostrar en este pequeño comentario sobre el libro inédito, de Javier Maderuelo, Arte cisoria.
Es posible que, para algunos lectores de Arte y parte, Javier Maderuelo sea conocido sobre todo por sus libros de arte y arquitectura, y su trabajo como crítico en el diario El País. Sin embargo, durante aproximadamente una década (desde mediados de los setenta a mediados los ochenta) se dio a conocer como intérprete de obras fonéticas, músico, pintor y poeta de vanguardia.
En línea con esa actitud de vanguardia más o menos radical, Maderuelo tuvo también (sobre todo en el campo musical) una activa labor de organización y promoción. De comienzo de los ochenta es su libro Una música para los ochenta, en el que apostaba por una nueva generación de compositores españoles.
En este libro, Maderuelo se muestra como un decidido partidario del minimalismo musical, y destaca a un compositor-intérprete: Carles Santos. Asimismo informa sobre las actividades y objetivos de los grupos que, como Glotis o ELENFANTE (de los que era miembro fundador), estaban dando a conocer tanto las músicas fonéticas de las primeras vanguardias como las de autores contemporáneos (John Cage, José Luis Castillejo o Juan-Eduardo Cirlot…).

Arte cisoria

En esos primeros años ochenta, Maderuelo se enfrenta de forma decidida también a proyectos creativos. El más destacado, y en cierto modo sorprendente, es este libro que nos ocupa.
Arte cisoria es un proyecto de considerable aliento se mire como se mire. Sus ochenta páginas sobrepasan con mucho lo habitual en un trabajo unitario, si dejamos aparte el caso de Castillejo que tenía por norma que todos sus libros tuvieran cuatrocientas páginas.
Lo sorprendente está en el hecho de que sea un libro del todo inmerso en el campo de la poesía experimental, y que haya elegido la fórmula del «corte», del «seccionamiento» de textos, iniciada en los años sesenta por el poeta alemán Franz Mon, y a partir de ese momento convertida en una tipología ampliamente aceptada por autores de todos los países. (La poesía experimental no era el campo preferentemente trabajado por Maderuelo.)