ARTE Y EDICIÓN – 110. THIS IS TOMORROW

Cubierta del catálogo This is Tomorrow. Editado por Theo Crosby y diseñado por Edward Wright.
Londres, Whitechapel Art Gallery, 1956. 105 páginas, 16.6 x 17.2 cm. Colección particular

Era el año 1956, el mismo año en que aparecía el famoso collage de Hamilton donde el artista inglés se preguntaba qué hacía a los hogares tan atractivos, tan diferentes. El mundo sentía los cambios porque estaba a punto de llegar algo que poco después se conocería como pop art y que no mucho más tarde arrasaría en Europa y los Estados Unidos.
Se trataba de un nuevo estilo que iba tomando formas distintas a ambos lados del océano pues, como se tiende a generalizar, el pop europeo era más político, más crítico, que el norteamericano, aunque esa forma de enfrentar el problema es reduccionista. Lo cierto es que ingleses y norteamericanos se rebelaban contra propuestas anteriores y en ambos casos existía una intencionalidad de reacción que podía ser leída como un acto político, como un modo de enfrentarse a lo establecido. En los Estados Unidos se reaccionaba contra la abstracción de la Escuela de Nueva York, impuesta por la crítica, y en Inglaterra la revuelta era contra los paisajes nostálgicos de la colonia de St. Yves en Cornualles. A esta última necesidad correspondía su apuesta por un arte urbano y agresivo, la antítesis de los paisajes bucólicos que estaban condenados a heredar, aquellos a los que se oponen las piscinas californianas del inglés afincado en Estados Unidos David Hockney. Sus piscinas se hacían cada vez más ausentes, más alejadas de lo que viera en la niñez, tal y como es posible comprobar si se comparan sus primeras obras con alguna de las de finales de los 60. El paisaje ha dejado definitivamente de ser metafórico para hacerse aséptico: se ha sustituido la melancolía de Cornualles por las piscinas californianas. Por otra parte, tal vez al no verse tan acuciados por la necesidad de rebelión contra todo lo abstractizante, hay ciertas muestras del pop inglés que pueden ser menos claramente figurativas, permitiéndose juegos espaciales. En la obra $he —con la «S» como el símbolo del dólar—, de Hamilton, los objetos cotidianos han sido reducidos a líneas.
Y es aquí donde volvemos a tropezar con el problema del realismo y sus implicaciones con los medios: tal vez los pop —utilizando una generalización que siempre debe ser matizada— no copian los medios sino que vuelven la mirada hacia las mismas cosas que interesan a los medios —los objetos del mundo moderno—, una mirada irónica que, pese a lo que se comente con frecuencia, no es solo inglesa sino americana, pues si el collage de Hamilton está lleno de referencias irónicas, ¿no hay cierta ironía nostálgica en los retratos de Marilyn o Jackie Kennedy de Warhol?
Sea como fuere, en aquellos momentos, en el verano de 1956, todo era novedad, imprevisible, igual que el famoso collage de Hamilton o los de Paolozzi, quienes, a través de sus recortes, aspiraban a llevar hasta los hogares de la posguerra británica lo que era rutina en el consumo norteamericano —o empezaba a serlo—. Desde luego los jóvenes ingleses se habían propuesto changer la vie, como dijeran los poetas franceses de finales del xix; olvidar a los paisajistas suaves que hasta entonces habían dominado el país y que poco tenían que ver con lo que allí se planteaba. Porque lo que allí se planteaba era el futuro. Lo desvelaba el propio título de la exposición que en agosto de aquel mítico 1956 se inauguraba en la Whitechapel Gallery de Londres: «This is Tomorrow» —esto es mañana.
O mañana es ahora, como se podría pensar viendo una exposición única, capaz de congregar a músicos, poetas, arquitectos, escultores o teóricos ligados de forma más o menos próxima al Independent Group, el conjunto de artistas británicos que desde el ica de Londres ideaban una revolución la cual, a diferencia de lo que ocurría en los Estados Unidos con el pop en esencia pictórico, representaba una curiosa comunidad de disciplinas.